miércoles, 6 de enero de 2016

CAPITULO 32

–  Te prepararé algo especial de comer si me lo permites. –   dijo él sonriendo y llegando a mi lado, lo miré y antes de que yo respondiese sonaron unos golpes secos sobre la puerta de mi departamento. Abrí mis labios, mi corazón se aceleró, nos miramos. El sonido sobre la puerta continuaba, sentí mi corazón salirse por la boca.

–  ¡___! ¡ABRE! –  abrí mis ojos era Justin. Ni siquiera quise mirar a Lucky, estaba temblando. –  ¡SE QUE FUI UN IDIOTA! ¡ABRE! ¡HABLEMOS! –  lo escuche gritar. –  ¡SE QUE ESTAS ALLÍ! ¡___! –  tapé mi boca.

Lucky se colocó frente a mí. –  ¿Quieres que salga hablar con él? –  me preguntó en voz baja, tan solo yo podía escucharlo, negué rápidamente con un movimiento de cabeza. –  No se ira hasta hablar contigo…–  me dijo.

– No quiero hablar con él. –  dije y sequé el camino que marco una lágrima en mi mejilla.

– Está bien… esperemos que se calmé. –  me susurró y me abrazo, lo abracé, estaba asustada, si Justin entraba por esa puerta podría perder el control al ver a Lucky aquí, pensaría que realmente si en de Lucky el bebé. Me aferré a Lucky mientras Justin continuaba golpeando la puerta con fuerza.

–  ¡POR FAVOR! –  dijo, le escuche que sorbió su nariz, ¿estaba llorando? –  SOY UN IMBECIL POR PENSAR QUE NO ES MÍO. –  dijo dejando de golpear la puerta. –  PERDONAME ___, PERDONAME. –  dijo y lo escuche recostarse a la puerta, solté a Lucky y camine hasta la puerta para escuchar con más claridad. –  Sé que posiblemente ahora me odias, mucha más que antes, eh dejado que Susana se meta en mi vida como una maldita estilla de madera…  No pensé que sería así, realmente dude de ti. –  sorbió su nariz nuevamente. –  Si estas allí por favor abre, necesitamos solucionar esto…

– Justin no debe estar allí. –  se escuchó otra voz, Ryan. –  Ya fuera abierto Justin… vamos…

– Necesito hablar con ella…

–  ¡Todo es por tu culpa! –  escuche a Fabiana decir. –  ¡Como eres capaz de dudar de ella! –  podía escucharla llorar. –  ¡Ahora tomara una decisión incorrecta contra esa criatura! –  dijo derrame unas lágrimas al escucharla, lágrimas que seque inmediatamente.

–  ¡Fabiana! –  dijo Ryan. –  Eso no ayuda en nada…

–  ¡PUES DEBE SABER QUE LO QUE PASE SERA SU CULPA Y CULPA DE PUTA QUE TIENE COMO NOVIA! –  dijo.

–  ¡Fabiana espera! –  Escuche que dijo Ryan.

–  ¡Es mi amiga! ¡Me duele lo que le suceda! ¡Y tu amigo lo que siempre hace es herirla! –  baje la mirada, era cierto, ahora mi pecho dolía al escucharlos.

– Justin vamos…–  insistió Ryan.

No escuche más nada, un golpe mudo sobre la puerta… y luego silencio total… suspiré, seque mis mejillas por completo, mire a mi derecha donde estaba Lucky, me sonrió sin animo, le devolví la sonrisa. –  Te prepararé algo…–  me comentó.

– No tengo apetito…–  lo mire triste.

– Anda… ¿Rechazarás una cena conmigo? –  dijo sonriendo, negué con un movimiento de cabeza y sonriendo un poco. –  Bien, entonces ponte cómoda mientras esperas a que este lista. –  me dijo, asentí.


++

– Estaba rica. –  dije limpiándome la boca luego de mi último bocado de pasta con salsa “especial” dijo él, no era nada especial, era la salsa común para las pastas.

– Sabía que te gustaría. –  dijo sonriendo y se colocó de pie, tomo los platos.

– No, no. –  le dije y lo detuve. –  Yo hago eso. –  lo miré.

– No, lo haré yo. –  sonrió y siguió hasta el lavaplatos. –  Debes acostumbrarte a que si me quedo acá haré yo todas las cosas… estoy acostumbrado, vivo solo y soy independiente.

– También soy así…–  dije mirándolo desde la mesa. –  Esto… Dios, quede demasiada llena. –  sonreí. –  Gracias…–  lo mire con ternura.

– Un placer Señorita. –  dijo inclinándose con una mano frente a su pecho como si fuese terminado una obra de teatro.

– No seas idiota. –  reí. Me levante, fui hasta el baño, lave mis dientes mi cara, hoy había sido un día largo. Di un bostezo mientras salía del baño.

–  ¿Estas cansada? –  preguntó. Negué con un movimiento de cabeza. –  Pareces…

– Ha sido un día largo…–  sonreí con pocas ganas.

– Sí, lo ha sido. –  me dijo, desabrocho los botones en su muñeca de su camiseta, y quitó su corbata, suspiro y relajo. Miro a la horilla de la ventana, y luego miro a la esquina de la habitación donde había un gran diván sin usar. Lo mire y sonreí, fui hasta mi closet tome una pijama y fui al baño, me cambie y me coloqué los monos y la camiseta de tirante, deje la otra ropa en el cesto de ropa sucia. Salí del baño y lo vi terminando de arreglar unos cojines sobre el diván junto a unas almohadas.

– No dormirás allí. –  dije algo confundida con el ceño fruncido.

– Pensaba convertirlo en mi cama. –  dijo haciendo puchero, sonreí. Camine hasta donde estaba él y me senté en el diván, subí las piernas y las cruce con un cojín encima de ellas y otro que abrazaba.

– Dormirás en la cama. –  lo mire. –  Y no quiero ir a tercera base contigo. –  reí, él rió. –  Solo que, no tengo otra cama y la compartiré contigo, no te dejare dormir incomodo acá. –  él sonrió. –  ven siéntate junto a mí. –  le dije mientras palmeaba parte del diván frente de mí, él sin decir nada se sentó allí y suspiro mientras miraba la bella vista que nos ofrecía de la ciudad.

– Es muy hermoso esto…–  dijo mientras los dos mirábamos por la ventada.

– Sí. –  sonreí.

–  ¿Cómo lo obtuviste?

– No lo sé. –  sonreí. –  Una persona muy especial me lo regalo…–  me miro con intriga. –  Falleció…–  apreté mis labios sonriendo un poco.

– Lo siento…

– Está bien, todo está bien. –  dio un respiro relajado, sonreí un poco. –  ¿Me cuentas algo sobre ti… o prefieres mantenerlo en secreto? –  me dijo sonriendo un poco.

–  ¿Sucedería algún problema si lo mantengo en secreto? –  sonreí encogiéndome de hombros.

– Ningún problema. –  sonrió. –  Te cuento…–  suspiró y se preparó. –  Soy estadounidense…

–  ¿En serio? –  dije sorprendida. –  Jure que eras del Reino Unido. –  reí.

– Siempre piensan eso. –  rió. –  Bueno, soy de acá, Estados Unidos. –  me miro a los ojos. –  Provengo de Spanish Fork, es una ciudad ubicada en el condado de Utah…

–  ¿Utah? –  Pregunte interrumpiéndolo. –  Está inventando ese nombre. –  reí.

– No, de verdad existe, no te miento. –  Rió. –  Cómo es posible que vivas acá en Estados Unidos y no conozcas aunque sea los nombres de los estados. –  se burló.

– Uy disculpa pero a duras penas pase geografía. –  reí.

– Bueno, el condado de Utah está en ‘estado estadounidense de Utah’–  se aseguró de pronunciar bien las últimas palabras para que no las olvidara. –  Mi cumpleaños es el cuatro de Junio, tengo 23…–  pensó. –  Una vez estuve a punto de casarme. –  se rió.

– Anda cuéntame, suena muy bueno esa historia. –  dije acomodándome en el diván.

–  ¿En serio? –  dijo con sus cejas elevadas.

– Sí, cuéntame. –  insistí.

– Vivía con mi madre, en Spanish Fork. –  sonrió. –  Dios. –  rió recordando. –  Era un niño, tenía unos ocho años, me enamore. –  hizo comillas con sus dedos. –  De una hermosa niña, era hermosa, todos los de la manzana estaban enamorados de ella, un día iba paseando en bicicleta. –  rió. –  la vi caminar, eran como las seis de la tarde le ofrecí llevarla hasta su casa… ella por alguna razón me puso cuidado y entonces todos los días la buscaba a su clase de violín y la llevaba a su casa, crecimos muy rápido, el tiempo se nos fue de las manos. –  sonrió. –  Era un estúpido ¿sabes? Yo pensaba, tenía una idea muy loca…–  rió.

–  ¿Cuál?

– Que ella era el amor de mi vida, mi alma gemela. –  dijo mirándome a los ojos y bufó. –  No fue así, yo… la amaba y ella me amaba o eso pensaba. –  rió. –  Le pedí que se casara conmigo apenas ella cumplió 18 años, ella era un año menor así que yo tenía 19. –  mordió su labio inferior mientras pensaba. –  Fue muy loco. –  continuó. –  Ella me dijo felizmente que era el mejor regalo de cumpleaños que le habían dado, sabes…–  guardó silencio. –  El día de nuestra boda. –  sonrió. –  Ella llego temprano a mi casa, le dije que era de mala suerte que estuviera allí. –  me miró. –  eso que todos dicen que los novios no se deben ver días antes de la boda si no en el altar…–  asentí. –  bueno, la note preocupada, ella dijo que era algo urgente, me asuste pensé que se había muerto alguno de sus familiares o cosa parecida pero ella rompió en llanto y me había dicho que… meses atrás me había sido infiel. –  sonrió perdido en sus pensamientos. –  le dije que no importaba que la perdonaba… pero ella dijo que eso no era todo. –  Dejo de sonreír. –  Ella dijo que tenía tres meses de embarazo…–  yo me llene de furia, ese mismo día la deje allí, no le dije nada, solo tome la camioneta Chevrolet que tenía y me marche, no volví. –  me miró. –  no volví a verla, no la odiaba en realidad, solo me dolía lo que ella me había hecho, mi madre me invito varias navidades a casa, pero… decidí alejarme del lugar, luego con mis ingresos mude a mi madre a otro lugar aunque ella no vende aquella casa por nada del mundo… pensé haber olvidado todo. –  sonrió. –  Pensé haberla superado, haber sacado a esa chica por completo de mi vida… pero tu. –  me miró. –  Hoy me recordaste a ella, me hiciste ver el como ella quizás se sentía, quizás tu dijiste las palabras que ella iba a decir cuando yo salí corriendo en lugar de quedarme… si hubiera escuchado lo que tú me dijiste. –  sonrió sin dejar de mirarme. –  No me fuese ido, le fuese dicho lo que ahora de te eh dicho, que lo tengas, que tengas a la pequeña criatura y le daré mi cariño… pero es muy tarde para arrepentirse de las cosas…–  sonrió.

– No lo abrías hecho. –  dije mirándolo.

–  ¿Cómo así? ¿Por qué lo dices?

– Eras muy joven, quizás algo inmaduro, no tan maduro como ahora… así que… ¡ESTABAS ENAMORADO! –  dije alzando mis brazos al aire por un momento. –  ¡DIOS CUALQUIERA REACCIONARIA ASÍ! –  dije mirándolo. –  No te sientas culpable…–  sonreí. –  Uno cuando se enamora hace muchas estupideces…

– No quiero que escribamos un segundo libro de “El club de los corazones rotos”–  dijo y reímos.

– No lo haremos…–  dije suspirando. –  ¿Por qué me has contado eso?

– Porque… no se lo había contado a nadie. –  sonrió. –  Es bueno decir algunas cosas, es como si te quitaras una carga de los hombros, se siente bien, eso… ayuda a superar. –  Asentí. –  Y también porque quiero darme una oportunidad contigo, creo que los dos hemos pasado por muchas cosas… y sería bueno darle un giro a esto.

– Tienes toda la razón. –  le dije sonriendo. –  Creo que es hora de dormir. –  dije seguido de un bostezo. –  vayamos a dormir. –  me puse de pie, tome las almohadas y fui hasta la cama donde nos dividimos los lugares y las almohadas, saqué otra sábana para él, pero aun así… lo abrace para dormir…



Al día siguiente, nos levantamos, desayunamos, a él lo llamaron por algo del trabajo, se fue, no, no nos besamos ni nada, era como si fuese un amigo cualquiera. Ese día organice la habitación y todo el departamento, fui hacer algunas compras de alimentos. En los días siguientes, Justin… estaba a punto de hacer explotar mi celular, Fabiana, había llegado varias veces al departamento y dejaba papeles por debajo de la puerta que decían cosas como “Cuídate, te quiero, tu amiga Fabi” “Te extraño, por favor háblame”.


Había pasado una semana y media, Lucky insistió en que fuera hacerme otro chequeó, quería que todo fuera bien conmigo y con el bebé. Así que me aliste, tome mis cosas y antes de cerrar el closet vi la pequeña caja donde estaba las pastillas abortivas, suspiré, las guarde donde no pudiera verla, la había comprado días atrás, pero luego de leer las indicaciones y saber lo que sufriría yo y el bebé durante el proceso abortivo, preferí dejarlas a un lado, pero a la vista por si… llegaba a querer tomarlas. La puerta de mi departamento sonó. –  Un momento. –  dije en voz alta, termine de colocarme las zapatillas y el sobretodo, me había colocado unos jeans y una camisa un poco suelta, a pesar del poco tiempo que tenía mi vientre estaba tomando forma. Camine rápidamente hasta la puerta y la abrí. –  Lucky. –  dije sonriendo y lo abrace.

–  ¿Qué tal todo? –  dijo él entrando al departamento y cerrando la puerta tras él.

– Todo bien ¿y tú?

– Perfecto. –  dijo encogiéndose de hombros. –  ¿Cómo van los malestares?

– Solo un poco de mareo. –  dije mientras buscaba mi cartera con mis documentos. –  Realmente… como si estuviera empezando a estar ebría. –  reí.

– Hablando de ebriedad, espero no hayas tomado nada de licor en estos días…–  me miro con los ojos entrecerrados, ya que solo nos comunicábamos por mensaje porque él había estado full de trabajo.

– No eh tomado nada. –  dije riendo.

– Debemos irnos ya… se hará algo tarde para la cita.

– Sí, espérame, ya voy a terminar, solo déjame encontrar mi cartera. –  dije buscando por todos lados.

–  ¿Revisaste en la peinadora? –  me preguntó. Negué y corrí hasta allí, y acertó, allí estaba mi pequeña cartera, la guarde en el bolsillo de mi sobretodo y en el otro bolsillo guarde mi celular. –  ¿Lista? –  me preguntó mientras me veía caminar hacia él, asentí y se colocó de pie y caminamos hasta la puerta.

– Espera. –  dije antes de abrir la puerta.

–  ¿Ahora qué?

– Necesito hacer pis. –  dije riendo apenada. –  No es mi culpa, ahora casi no salgo del baño. –  reí.

– Apresúrate. –  dijo sonriendo. Corrí hasta el baño, orine rápidamente, lave mis manos y salí del baño, Lucky al verme salir abrió la puerta del departamento.

–  ¿Hola? –  escuche que dijo, continué caminando sin prestar atención. –  Lucky Blue. –  escuche que se presentó.

– Justin, Justin Bieber. –  escuche la otra voz, abrí mis ojos, tragué saliva, mire hacia la puerta y Justin levanto su mirada hacia mí.

– Lucky vámonos. –  dije sin mirar a Justin, Lucky me miro y por mi comportamiento supo que Justin era el chico de quien habíamos hablado ese día, ese chico que… me engaño y me embarazo.

– ___ no puedes irte. –  me dijo, no lo mire, no fijamente, pero si le pude ver su rostro, se veía con falta de sueño, cansancio… se veía algo mal. No dije nada, solo empuje a Lucky fuera del departamento y cerré la puerta tras de mí. –  Debemos hablar ___... –  dijo tomándome por el brazo deteniéndome.

– Suéltame. –  dije sin mirarlo.

– No lo haré, tú no puedes irte. –  me dijo.

– Déjame. –  dije sin querer alterarme.

–  ¿Podrías dejarla? –  dijo Lucky.

–  ¡TU CALLATE! –  dijo él alterado. Lo miré con los ojos abierto. –  Lo siento. –  dijo y suspiro mirándome. –  Por favor debemos hablar.

–  ¡Déjame! –  dije y me solté de su agarre y comencé a caminar.

– No, no puedes irte ___. –  dijo tratando de tomarme otra vez.

–  ¡No me toques! –  dije mirándolo, no con miedo sino con rabia.

– ___.... ¡Dios! debes escucharme. –  me dijo.

– Ya eh escuchado lo suficiente, además no tengo nada que hablar contigo, cualquier cosa que quieras hablar… hazlo con tu novia.

– ___ necesitamos hablar, el bebé…

– Eso no es asuntó tuyo. –  le interrumpí.

–  ¡Claro que lo es!

– No le levantes el tono. –  dijo Lucky.

– No te preocupes. –  le dije a Lucky mientras miraba a Justin. –  Ese es su tono. –  lo mire con repugnancia.

– Realmente tengo que hablar sobre nuestro bebé. –  dijo él.

– No hay un “nuestro”. –  dije haciéndole comillas con los dedos a la ultima palabra.

– Claro que si solo estás molesta…–  me tomo nuevamente del brazo.

–  ¡QUE NO ME TOQUES TE EH DICHO! ¡ME REPUGNAS! –  le dije.

– No nena…–  dijo tratando de agarrarme mejor por el brazo.

– Que no la toques. –  dijo Lucky impidiendo que el llegara a mí.

–  ¡¿Y QUIEN DEMONIOS ERES TU?! –  gritó desesperado.


– El padre del bebé que ella tendrá. –  dijo Lucky con tonó calmado, colocó su brazo por encima de mis hombros y comenzamos a caminar. Justin… a él solo le vi quedarse de pie en donde estaba.

lunes, 4 de enero de 2016

CAPITULO 31


– No Doctora. –  dije riendo nerviosa. –  Usted no me puede estar diciendo eso. –  negué con un movimiento de cabeza antes de caer en shock.

– Pues sí. –  me dijo ella sonriendo. –  Tiene un mes Señorita…

– No…–  dije y baje la mirada al suelo tomando mi cabeza. –  No es posible.

– Lo es. –  sonrió ella. –  Le recomiendo que se calme, vea, si no lo desea…–  la miré un poco calmada. –  Hay unas pastillas…–  comentó ella, anoto el nombre en una hoja de papel. –  Solo, piénsalo bien, no eres una chica de 17, 18 años. –  me sonrió asentí.

– Gracias doctora. –  dije y tome la pequeña hoja de papel y la guarde en mi cartera, me puse de pie y salí del consultorio.

No podía ser, abrí mis ojos,  terminé de salir del edifico y camine a una pequeña plaza que se encontraba allí, mire a mi alrededor, me estaba mareando, estaba sudando frio, no podía sentir el aire fresco de la tarde, me sentía como si fuese pleno medio día, yo no podía estar embarazada, no cuando había elegido tener otra vida con una persona que no fuera Justin. Tome mi celular y fui a marcar el número de Lucky pero recordé que estaba para Italia y regresaba en dos semanas, para la noche de navidad, mordí mi labio en desesperación, ¡MI MAMÁ! No, mi madre no, debo decirle las cosas en personas, y me obligaría a… JUSTIN, abrí mis ojos, ¿debería avisarle? Tome el celular y sin pensar más marque su número.

–  ¿___?

– Justin. –  logre decir.

–  ¿Qué pasa? ¿Te sucede algo?

– Sí. –  dije a punto de llorar.

–  ¡¿QUÉ?! ¡DIME! –  dijo ya alterado.

– Necesito verte, te lo diré en persona. –  dije.

–  ¡¿TE BUSCO?! ¡¿DÓNDE ESTAS?! –  pregunto.

– Yo…–  mire a mí alrededor.

–  ¿HEY? ¿NENA?

– Justin estoy en la plaza frente el edificio Rit-Mare.

– Estoy allá en un momento ¿puedes esperar?

– Si…–  dije. Él colgó la llamada y yo seque mis lágrimas. Busque un banco y me senté, abrí mi cartera y saqué los papeles que la doctora me había dado, la ecografía donde podía verse la pequeña bolsita con algo de forma. Comencé a llorar y guarde el papel en la cartera, coloque mis codos sobre mis piernas y mis manos tapando mi rostro mientras rompía en llanto.

Trate de calmarme y secar mis lágrimas, era 1 de diciembre así que me había tardado dos días en decidirme si venir o no al médico. Respire profundo unas cinco veces, y en cuestión de minutos escuche la bocina de un auto, mire hacia al frente, era Justin, tome mi cartera y me coloque de pie. Él bajo del auto apresurándose a llegar a mí, casi que corriendo. –  ¡___! –  dijo cuándo me vio más de cerca, le sonreí pero derrame algunas lágrimas al mismo tiempo. –  ¿Qué te paso nena? –  pregunto al llegar a mí. Yo me lance en sus brazos, rodeé su cuello y escondí mi rostro en su pecho. –  Dime nena. –  me dijo. –  ¿Qué te paso? –  me separo un poco de él, lo mire. –  ¿Por qué lloras? Dime. –  estaba preocupado. –  Habla, dime algo. –  me dijo tomando mi rostro. –  Dime. –  me dijo mirándome a los ojos.

Baje la mirada y me aparte un poco de él, saque la hoja de papel doblada dentro mi cartera y se la entregué, él sin entender la abrió, era la ecografía. Él abrió un poco sus ojos miro las imágenes un momento y me miro. –  ¿Qué significa esto? –  me pregunto.

Sonreí un poco mientras sorbía mi nariz. –  Estoy embarazada. –  dije nerviosa, sonriendo y derramando algunas lágrimas.

–  ¿Qué? –  dijo en shock, asentí sonriendo un poco. –  ¡No puede ser nena! –  dijo con sorpresa mirando otra vez la ecografía. –  Pero… nosotros… Oh por Dios. –  dijo sin aliento. –  Nena. –  me miro con sus ojos cristalizados y me abrazo con fuerza, reí derramando algunas lágrimas. –  ¡NO LO PUEDO CREER! –  gritó soltándome un poco. –  ¡VOY A SER PAPÁ! –  gritó con fuerza, me rodeo con sus brazos y me despego del suelo dándome vueltas. Reí. Me deposito en el suelo y por un instante todo se colocó en cámara lenta, vi su mejilla húmeda por una lágrima que la había recorrido, él brillo en sus ojos, la felicidad le salía por todos lados, el efecto de cámara lenta desapareció. –  Me harás el hombre más feliz del mundo. –  me dijo y sus labios se colocaron sobre los míos. Abrí mis ojos por la sorpresa pero los cerré inmediatamente, sus labios… extrañaba esos labios. Su mano derecha apretó en el centro de mi espalda pegándome a él y su mano izquierda tomaba mi cuello. Mis sentimientos hacia él no habían desaparecido del todo. Se separó de mí. –  Gracias nena, gracias. –  me dijo, sonreí un poco y sequé su mejilla. –  ¿Qué te ha dicho el doctor? ¿Está todo bien? ¿Él se encuentra bien? –  me pregunto.

– Está todo bien Justin. –  dije sonriendo un poco. –  Todo se encuentra bien.

– Debemos ir a casa y decirle a todos, subamos al auto. –  me dijo, me llevo hasta el auto yo subí y él también, colocó el auto en marcha.

Me mantuve en silencio, aún permanecía algo molesta, y por alguna razón me estaba arrepintiendo de haberlo besado, él de seguro se cree perdonado y yo… realmente no sé si ya lo hice. Sentí como él dio un apretón a mi mano, lo mire y me sonreía, sonreí sin ánimos.

Llegamos a la casa de los chicos, Justin bajo con prisa y yo baje con calma, me estaba arrepintiendo, por un momento no quería que nadie supiera y la idea del aborto se pasaba por mi mente y no podía mirar a la cara a Justin. Elimine esa idea, si Justin decidía tenerlo, yo lo haría. Entramos a la casa, primero él, luego yo. –  ¡RYAN! –  gritó felizmente, todos se encontraban en la sala menos ella. –  ¡CHICOS SERÉ PAPÁ! –  dijo casi que gritando, Fabiana tapo su boca y los chicos quedaron sonriendo y algunos con la boca abierta, yo me mantuve quieta en mi lugar sin decir o hacer nada.

–  ¿¡EN SERIO!? –  dijo Chas mirándonos a los dos.

–  ¡NOS ESTAS JODIENDO! –  dijo Christian negando con un movimiento de cabeza sin poderlo creer.

–  ¡NO LO PUEDO CREER! –  gritó Fabiana con lágrimas en los ojos, se levantó corriendo y me abrazo.

–  ¡EN SERIO BROTH! –  Reaccionó Ryan después de todos.

– SÍ, MIRA, MIREN. –  dijo abriendo la ecografía que traía en sus manos. Los chicos miraron, sabía que al igual que Justin no entenderían nada en la imagen. Justin sonreí feliz, los chicos se levantaron a felicitarle abrazándolo.

–  ¿Qué pasa? –  escuche la voz de Susana, mire por encima de Fabiana quien volteaba los ojos al escucharla. Susana nos miró a todos.

–  ¡___ ESTÁ EMBARAZADA! –  dijo Christian felizmente. Abrí mis ojos, Justin la miró, todos quedamos en silencio. Ella me miro con rabia.

–  ¿De ti? –  miró a Justin.

– POR SUPUESTO QUE SÍ. –  dijo él sonriendo.

– No es posible. –  dijo ella mirándolo con el ceño fruncido.

–  ¿Qué dices? –  dijo Justin sin entender.

–  ¡TE MIENTE JUSTIN! –  gritó ella histérica. Me miraron y luego la miraron a ella, Justin está a escasos metros de mí, mirándola a ella y dándome la espalda así que no podía ver su rostro. –  ¡TU MISMO DIJISTE QUE TE HABÍA DEJADO! ¿NO ES ASÍ? –  preguntó a los chicos. –  ¡DIJISTE QUE ELLA SE IBA A DAR LA OPORTUNIDAD CON OTRO! –  dijo. Todos me miraron. –  ¡NO ES TUYO JUSTIN! ¡NO SEAS ESTÚPIDO!

–  ¡CLARO QUE ES DE ÉL! –  dije molesta. Justin me miró como si se encontrara confundido.

–  ¡ES MENTIRA JUSTIN! –  dijo ella. Yo negué con un movimiento de cabeza, ahora todos me miraba  como si estuviese mintiendo, incluso Justin.

–  ¡ES DE JUSTIN! –  le dije a todos. –  ¡TENGO UN MES DE EMBARAZO! ¡EXACTAMENTE DESDE QUE ÉL SE QUEDO EN MI CASA EL DÍA DE LA GRAN LLUVIA! –  mire a Justin.

– Pero… dijiste que te ibas a dar una oportunidad con otro…–  comentó él, mi corazón se partió en pedazos, quede aturdida.

–  ¡EL ECHO DE QUE ME FUESE A DAR LA OPORTUNIDAD NO QUERÍA DECIR QUE ME IBA A IR A LA CAMA CON OTRO! –  dije y sequé mis lágrimas. –  ¡ERES UN IMBECIL POR CREER LO QUE ELLA TE DICE! –  lloré. –  ¡FUI UNA ESTÚPIDA EN CREER QUE ESTO PODÍA ARREGLARSE! –  lloré.

– ___... –  susurró él y dio unos pasos hacia mí.

–  ¡¿SABES QUÉ?! –  lo miré y camine hacia Ryan. Le quite la ecografía de las manos y fui hasta donde esta Justin, rompí la ecografía en pedazos. –  ¡OLVIDATE DEL EMBARAZO! –  dije llorando.

–  ¡NO!

–  ¡DEJAME EN PAZ! –  dije llorando y salí corriendo de la casa.

–  ¡VES LO QUE HACES! –  gritó Fabiana. Y la escuche venir tras de mí. –  ¡___! ¡___! –  Me gritaba. Me detuve a tomar un taxi. –  ¡NO LO ESCUCHES! –  dijo ella llorando.

–  ¡ESTOY CANSADA! ¡HARTA DE QUE ESA PERRA SE META EN MI VIDA! –  lloré. De reflejo vi a los chicos y a Justin de pie frente a la casa. –  Dile a Justin que se olvide de mí, no quiero saber nada de él. –  mire a Fabiana a los ojos. –  Esperaba más de él pero es una mierda. –  lloré.

– ___ no puedes hablar así del padre de tu bebe.

– Pronto no habrá bebe. –  dije llorando. Ella abrió sus ojos y me monté en el taxi.

–  ¡NO HAGAS NADA! –  dijo ella llorando.

– Apresúrese Señor. –  le dije al señor del taxi. Comencé a llorar, el dolor en mi pecho era demasiado, Justin ahora se había convertido en nada para mí.

Baje del taxi y comencé a caminar a mi departamento. –  ¡___! –  Escuche que me gritaron, era la voz de un hombre, así que continué sin querer saber quién era y que posiblemente fuese Justin. –  ¡___! –  escuche más cerca y me tomaron el brazo. –  ¿Hey? –  me dijo y me detuvo. Lo mire.

– Lucky. –  dije sin aliento.

–  ¿Qué te sucede? ¿Por qué estas llorando? ¿Qué pasa? –  Preguntó preocupado. No dije nada y me lance en sus brazos, la calidez de su cuerpo me cubría, me hacía sentir que todo iba a estar bien, llore como un niño en brazos de su madre. –  ¿Qué pasa? Me tienes preocupado, cuéntame.

–  ¿Quieres pasar? –  dije separándome de él y señalando las escaleras para subir a mi departamento.

– Por supuesto. –  dijo él y colocó su mano en el centro de mi espalda casi llegando al borde de mi costado. Subimos las escaleras y entramos al departamento, él se encargó de cerrar la puerta tras de mí. Camine hasta el sofá, y me senté allí a continuar llorando. –  Hey…–  susurró. –  Cuéntame. –  dijo mientas se colocaba de cuclillas, tomaba mis manos y me miraba fijo a los ojos. –  Anda…–  insistió.

A él no le podía mentir, menos sobre esto. –  Estoy embarazada. –  dije llorando. Lo miré sus ojos permanecían en mí y sus labios se abrieron un poco por la sorpresa. –  Lo siento. –  lloré más. –  Lo siento Lucky. –  lloré más que antes. –  No quería arruinar nada entre nosotros, esto fue imprevisto. –  lloré. –  Lamentó decepcionarte de esta manera. –  lloré. –  Lo siento.

– Hey. –  apretó un poco mis manos. –  Está bien…–  me miro a los ojos.

– No está bien, lo eh arruinado todo entre nosotros. –  lloré.

– No has arruinado nada. –  sonrió y secó mis mejillas aunque continuaban humedeciéndose.

– Quería que intentáramos algo, quería que esto funcionara, no contaba con esto y…–  comencé a llorar sin control.

–  ¡Hey! ¡Hey! –  dijo y tomo mi rostro entre sus manos. –  Esta bien todo, ¿vale? No has arruinado nada entre nosotros. –  sonrió un poco. –  No niego que me has tomado por sorpresa. –  seco mi mejilla. –  Pero eso no quiere decir que… me vaya hacer a un lado con nuestros planes…

–  ¡No lo tendré! –  Dije llorando. –  Yo no lo tendré Lucky, no es deseado, no puedo tenerlo.

–  ¡¿Hey?! ¡Shuu! ¡Shuu! –  me dijo y lo mire. –  Lo tendrás y si el padre de esa criatura no lo quiere pues lo querré yo…–  abrí mis ojos. –  ¿Dónde está el padre? –  me preguntó.

–  ¡ES UN IMBECIL! –  lloré. –  Cree que…  ¡PIENSA QUE NO ES DE ÉL! –  lloré. –  LA TIPA QUE TIENE POR NOVIA LE METE EN LA CABEZA QUE ES DE OTRO. –  sorbí ni nariz. –  ¡ÉL CREE QUE ES TUYO! –  Lucky abrió sus ojos. –  BUENO… TUYO NO. –  dije. –  ES QUE LE DEJE EL OTRO DÍA, LE DIJE QUE ME DARÍA LA OPORTUNIDAD CON OTRA PERSONA QUE SI ME HICIERA FELIZ. –  lloré. –  ¡ÉL CREE QUE YA ME ACOSTE CONTIGO O CON ESA PERSONA! –  Lucky rió. Lo mire y deje de llorar. –  ¿Qué? –  le pregunte.

– Digámosle que es mío. –  me guiño el ojo.

– No Lucky, no lo tendré, no puedo, yo…

– Shuu… Te eh dicho que no digas eso. –  me miro a los ojos. Se levantó y se inclinó al nivel mío. –  Lo tendremos, los dos, porque esa criatura no impedirá que te des la oportunidad conmigo. –  dijo y guiño. Sonreí. –  Vez, así me gusta, verte sonreír. –  comentó y deposito un beso en mi frente.

–  ¿Qué haces acá? –  le mire recordando que él no vendría sino dentro de dos semanas.

– La Señora a quien le ayudaría en los negocios me aviso que ya no es necesario. –  sonrió y se encogió de hombros. –  Y creo que… es el mejor lugar donde puedo estar ahora. –  dijo, sonreí, él termino de secar mis mejillas.

–  ¡Oh por Dios! –  me queje y tapé mi rostro.

–  ¿Qué? –  preguntó él.

– Mi departamento está algo desordenado…

– No. –  sonrió. –  Está bien. –  lo mire relajada. –  Parece que paso un tornado pero está bien. –  dijo sonriendo, reí.

– Gracias…–  le comenté.

–  ¿Por qué? ¿Por estar acá contigo?

Asentí. –  Por no salir corriendo al saber que estoy embarazada. –  dije.

–  ¿Cuánto tiempo tienes?

– Un mes y algo más. –  le dije.

– Entonces…

– Fue tres días antes de caer en la cárcel. –  dije sonriendo sabiendo que él quería saber cuándo fue concebido. –  No tenía pensado conocerte y tampoco pensaba que él me sería infiel. –  sonreí.

– Idiota en fin. –  dijo refiriéndose a Justin, sonreí. –  Dejemos de hablar sobre él. –  sonrió, asentí con un suspiro. –  Ya está oscureciendo…–  miró hacia afuera por la ventana.

– Si quieres puedes quedarte. –  le dije mientras pasaba mis manos por mi rostro. –  No tengo problema con eso.

– Vaya Señorita Jess, segunda cita y ya quiere ir a tercera base conmigo. –  dijo. Lo mire sorprendida él rió y reí.

– No quise decir eso, me refería a que te quedaras

– Lo entendí perfectamente. –  rió él. –  No tengo problema con quedarme con usted. –  me miro sonriendo.

– Sonaba mejor cuando me tratabas de “tu” y no de “usted”.

– Lo hacía inconscientemente. –  me dijo, sonreí sin ganas. –  Pero si eso le hace-te hace feliz. –  se encogió de hombros.


Me levante del sofá y fui hasta la cocina, lave algunos platos sucios y me gire a ver el interior de mi departamento, internamente agradecí que no estuviera tan desordenado, mi ropa no andaba por allí en el suelo o donde no debía estar, lo único que se veía en desorden era algunas almohadas sobre el sofá frente al televisor. – Te prepararé algo especial de comer si me lo permites. –  dijo él sonriendo y llegando a mi lado, lo miré y antes de que yo respondiese sonaron unos golpes secos sobre la puerta de mi departamento. Abrí mis labios, mi corazón se aceleró, nos miramos.

sábado, 2 de enero de 2016

CAPITULO 30

–  Sí. –   dijo él cerca de mí y serio. Tragué saliva, mi cuerpo se estremeció ante su voz pero al mismo tiempo estaba nerviosa.

–   ¿Qué cosa? –   pregunte en un susurro. Él se acercó un poco más a mí, a respiración se volvió lenta… su celular sonó y desperté del sueño en el que estaba entrando, suspiré, él cerro los ojos y contesto la llamada de su celular.

–  ¿Sí, diga? –  frunció su ceño, solté el aire que había contenido, mordí mi labio pensando en lo que podía haber pasado. –  No, no puedo ahora. –  lo mire, le hice seña de que no, le dije moviendo con mis labios “no importa”, claro que él frunció más su ceño. –  ¿Es muy importante? ¿No puede esperar? Yo realmente estoy en algo muy importante ahora mismo. –  continué haciéndole seña de que no importaba. –  Bueno, en media hora puedo…–  dijo él dando un suspiro. Me calme. Él colgó la llamada. –  ¿Qué sucede?

– No podías cancelar. –  dije mirándolo.

– No puedo cancelarte a ti. –  dijo como si pareciera confundido.

– Bueno es que…–  pensé un momento. –  Es tu trabajo, no perderás tu trabajo por estar acá.

– No iba a perder mi trabajo por eso. –  entrecerró los ojos. –  Pero es algo importante, créeme que si no lo fuera… lo fuera cancelado.

– Bueno. –  suspire con una pequeña sonrisa. –  Creo que ya debo irme entonces. –  le sonreí.

–  ¿Qué? –  frunció su ceño. –  ¿Piensas que yo te dejare botada acá? –  bufó. –  Vamos, te llevare hasta tu departamento. –  dijo, asentí, él colocó su mano en el centro de mi espalda manteniéndome cerca de él mientras nos dirigíamos de regreso al auto.

–  ¿Qué ibas a decirme? –  le pregunte cuando íbamos camino a mi departamento. Él guardo silencio, solté un aire de inconformidad, quería saber que era lo que pasaba… lo mire, él sonrió sin mirarme, con su mirada fija en la vía, yo me sonroje y deje de mirarlo.

Al llegar al departamento, él bajo del auto, abrió mi puerta, baje. Fui a despedirme de él, pero sorpresivamente él me guió hasta mi departamento, guarde silencio mientras estaba nerviosa y pensando en cómo agradecerle. –  Y bueno…–  dijo sonriéndome, suspiro y me miro a los ojos.

– Gracias por traerme. –  dije apresurándome.

– No hay de qué. –  sonrió con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.

– Bueno…–  mire hacia la puerta. –  ¿Nos vemos luego? –  dije dudando.

– Sin duda. –  dijo él sonriendo y asintiendo, sonreí. Me di la vuelta y abrí mi puerta di un paso hacia adelante entrando, me gire y le mire.

– Creo que es todo por hoy. –  volví a sonreír. –  Que tengas buen día. –  dije.

– Tu igual. –  contestó. Asentí y me di la vuelta para entrar completamente, antes de cerrar la puerta tras de mí una mano sujeto mi mano, abrí mis ojos, me gire inmediatamente, él aún estaba allí, día un paso hacia delante y en menos de lo que esperaba ya tenía su mano en mi mejilla y sus labios sobre los míos. Mantuve mis ojos abiertos en shock por un momento, luego sentí un hormigueo en mi estómago, y le correspondí el beso. Él presiono más su mano en mi mejilla y cuando yo estuve a punto se subir mi mano hasta su rostro… su celular sonó. Nos detuvimos, mantuve mis ojos cerrados, cuando los abrí él aun pertenecía conmigo allí, cerca, me sonrió, me sonroje por mil veces. –  Hasta luego. –  me dijo, asentí, él se dio la vuelta y yo cerré la puerta de mi departamento, tape mi boca de la emoción y mi respiración estaba como si hubiese corrido un maratón, comencé a reírme y a dar saltos por todo mi departamento. Era extraña la forma en que me sentía, me sentí bien, me sentí feliz… y todo sin Justin a mi lado. Para no arruinar mi felicidad deje de pensar en Justin y continué tocándome los labios mientras recordaba el beso.

Mi tonó de llamada de mi celular me hizo pegar un brinco y comenzarme a reír sola, conteste rápidamente, era mi madre, quería saber cómo estaba últimamente y… como me iba con lo demás, ya saben “lo demás” igual “Justin”. Quedo en venir a la casa, llegaría a la hora del almuerzo así que me permití prepararle un buen almuerzo que le gustase y luego no fuese a decir que soy una floja que morirá por mala alimentación.

–  ¿Eres feliz? –  me preguntó ella sería, ya teníamos mucho rato conversando mientras bebíamos champan, como si fuese un día festivo para nosotras. Ella se encontraba en el mueble cerca de la ventana y yo, sentada en la horilla de la ventana. –  Dime. –  insistió. Me mantuve seria, la mire a los ojos y luego vi el champan en mi copa. Suspire.

– Lo soy mamá…–  dije sin mirarla.

–  ¿Lo eres realmente? ¿Lo eres con este chico del que me hablas? –  sus ojos tenían el signo de interrogación.

– Mamá no te diré que soy la mujer más feliz del mundo. –  dije y mire por la ventana. –  Pero… en estos momentos me siento bien, me siento feliz. –  la mire.

– No quiero que te confundas ___

–  ¿Mamá en que podría confundirme?

– En el amor, no quiero que sientas que amas a este chico en menos de un mes, ni siquiera tres o cuatro meses. –  dijo, tome un sorbo de champan. –  Justin, ese chico no lo conozco casi, pero se que te ama

– No lo hace. –  le interrumpí.

– Digas lo que digas no me cambiaras de opinión. –  me miro como si me regañase. –  Él te ama, lo veo en sus ojos.

–  ¡¿Entonces porque si me ama se acuesta con otra?! –  dije, mis ojos se cristalizaron, tense mi mandíbula, trate de no llorar, mi madre se mantuvo callada mirándome, gire la vista hacia afuera y al apenas voltear una lágrima resbalo por mi mejilla, la sequé rápidamente y tome otro sorbo, vi a mi madre beber un gran sorbo.

– Entonces…–  se colocó de pie y camino hasta mi lado. –  Aun con más razón, no quiero que te vayas con el primero que se te cruce por despecho, no quiero que comentas un error.

– Estoy bien, Lucky es un abogado, es respetuoso, atento…–  dije.

– Le verás todos los buenos aspectos, de eso estoy segura, con tal de olvidarte rápido del otro chico, Justin.

– No lo quiero olvidar. –  la miré. –  Pero no quiero vivir atascada esperando por él. –  tense mi mandíbula. –  ¿Qué hay de mi si él nunca regresa, eh? –  dije y deje de mirarla.

– Lo hará, porque te ama.

– No madre. –  sonreí sin ganas. –  Las cosas no son como en las novelas, acá… si les gusta otra chica cambian y ya, ya no existe eso del amor… muy pocas personas sienten eso. –  dije mirando a la nada.

– Hija… claro que si existen…

– En mi vida entera he conocido una sola persona, que de verdad amaba, él sabía amar. –  mire a mi mamá. –  Ese era Austin, mamá. –  dije y tense mi mandíbula.

–  ¿Por qué no te permites llorar y sacar todo eso que sientes dentro? –  me dijo.

– Le prometí a Austin que sería feliz, un día me prometí a mí misma no llorar cuando estuviera él para no hacerlo sentir mal, así que. –  sonreí y limpie una lágrima en mi mejilla. –  Supongo que él ahora está en todos lados. –  reí.

– Hay hija solo…–  acarició mi hombro. –  Piensa bien en lo que haces, para que luego no te arrepientas de nada linda. –  dijo y dio un beso en mi frente, asentí, y las dos tomamos un sorbo de champan, bueno lo último que nos quedaba en las copas. Mi madre suspiro y me miro algo preocupada.

–  ¿Qué? –  respondí sonriendo aunque ella no había hecho ninguna pregunta.

– Ya casi es navidad…–  comentó, asentí. –  ¿Qué piensas hacer?

– Aun no tengo ningún plan…–  sonreí. –  Te avisare cuando tenga uno.

– Creo que debería irme, está a punto de oscurecer ya, eh pasado todo el día acá contigo. –  dijo mi madre sonriendo y terminando de secar mí cabello ya que me había duchado.

– Deberías quedarte…–  dije mientras me colocaba un vestido parecido al anterior pero esta vez de color negros y algunas flores blancas. Ella subió la cremallera de mi vestido que quedaba en la espalda. Suspire, y la abrace. –  Quédate. –  le dije.

– Sabes que no puedo. –  sonrió. Pero vendré más seguido. –  Si no tienes planes para noche buena y fin de año… puedes pasarla con nosotros. –  dijo mientras terminaba de alistarse.

–  ¿Cómo esta Frank? –  le pregunte.

– Está bien, a veces suele decir que te extraña. –  sonrió.

–  Dile que le mando saludos. –  le sonreí, la abrace por última vez y caminamos hasta la puerta. Al abrir la puerta, deje de sonreír.

– Bueno ya me iba. –  dijo mi madre mirándonos, me dio un beso, le saludo con una sonrisa y siguió su camino.

–  ¿Qué haces aquí? –  dije tensando mi mandíbula y mi cuerpo.

– Creo que debemos hablar nena…–  dijo dando un paso hacia adelante y tratando de tomar mi mano pero la aleje de su agarre.

– Yo creo que no tenemos nada que hablar Justin. –  dije mirándolo. Trate me mantenerme quieta y de que si iba a terminar esta relación no debería porque quedar de enemiga con él ni de amiga, solo no tener nada.

– Anda… necesitas escucharme.

– No quiero escuchar. –  le dije. –  No quiero saber por qué terminaste en sus brazos o como terminaste, no quiero escuchar lo que hiciste, no quiero escuchar nada.

– Solo hablemos ___. –  me miro a los ojos, sus mirada era profunda y tal vez perdida. Apreté mis labios. –  ¿Tienes planes? Podemos ir a caminar, tal vez cenar…

– Yo…

– Por favor ___ evadiéndome no resolveremos nada.

– Con tu explicación o lo que vayas a decirme tampoco cambiara lo que paso. –  lo mire.

– Solo salgamos un momento. –  me miro y humedeció sus labios, dio un suspiro y tenso su mandíbula, él no lo sabía pero eso… esas tres cosas seguidas podían debilitarme ante él.

– Solo será un momento. –  le repetí, él  asintió un poco relajado. –  Espera un momento aquí. –  le dije y me di la vuelta, camine hasta mi closet y busque unos tacones no muy altos de color negro.

Tome una cartera de mano, guarde mi identificación y mi celular, empolve un poco mi nariz y coloqué labial, guarde el polvo y el labial en la pequeña cartera. Apagué las luces y cerré la ventana, camine hasta la puerta donde Justin esperaba aun de pie donde lo había dejado. –  Vamos. –  dije y él salió de la entrada y yo cerré la puerta pasándole el seguro. Él me dio paso para que yo caminara delante de él, así que me apresure en bajar las escaleras y caminar hasta donde estaba su auto, aunque trate de apresurarme él siempre permaneció caminando a mi lado, no podía dar pasos grandes como él así que no podía alejarme ni un poco. Él quito el seguro de su auto y abrió la puerta, subí y le vi cerrar la puerta.

Nos encontrábamos en un restaurant, no exactamente dentro del restaurante. –  ¿Quiere entrar? –  pregunto nuevamente.

– Preferiría caminar. –  le dije, ya estaba oscuro, eran casi las siete de la noche. Él asintió y condujo el auto hasta una plaza, que tenía algunos bancos a la horilla con vista al lago. Así que camine con las manos sujetas a mi cartera delante de mí y él a mi lado, íbamos en silencio, era incomodo pero… él había hecho todo eso, debía aguantarlo.

– ___... de verdad quiero pedirte disculpas. –  dijo, no lo mire continué caminando en silencio. –  No te voy a decir que me disculpes por acostarme con ella, en realidad no sé si lo hice.

– Si claro. –  bufé en susurró.

– Es que me dijiste que si te explico no cambiara nada…–  se encogió de hombros. –  Tenía una explicación. –  me miro y se detuvo. Cerré mis ojos y respire profundo me gire y lo mire.

– Dila entonces. –  le dije.

– La noche anterior a eso… yo celebre con los chicos, había regresado contigo por fin todo parecía ir bien. –  sonrió sin ganas. –  Y no lo sé, me pase de tragos, créeme. –  me miro. –  Ella amaneció en mi cama, aún estaba dormido cuando llegaste ese día…–  me miro, abrí mis ojos. –  Sé que no me creerás, pero… quería aclarártelo.

Comencé a caminar sin decir nada y llegue a un banco, tome asiento y mire hacia el lago, él se sentó a mi lado e hizo lo mismo. –  Justin…–  tome mis manos y apreté mis dedos. –  No te digo que no te creo, incluso podría creerte…

– Pero…–  dijo él. Yo sonreí un poco.

– Justin. –  lo mire. –  Me he dado por vencida de luchar contra el destino. –  él frunció su ceño. –  Siempre hay algo que nos separa, siempre un problema… nunca podemos durar ni siquiera una semana completa felices…–  deje de mirarlo y mire al lago. –  Creo que deberíamos aceptarlo Justin, de una vez por todas en lugar de seguirnos lastimando…

– Cuando regresaste dijiste que no me dejarías ___

– No te estoy dejando Justin. –  suspiré. –  Siempre que me necesites estaré aquí…–  lo mire. –  Pero debemos dejar de lastimarnos, tú debes seguir con ella, quizás puedan durar más de lo pensado y…

–  ¿Y tú? –  preguntó.

– Eh conocido a una persona. –  no quise mirarlo, no quería saber cuál era su reacción si le importaba o no. –  Y… hoy lo he pensado mucho y…–  mordí mi labio aun sin saber lo que diría estaría bien, no había pensado nada en verdad. –  Me daré una oportunidad, tratare de ver qué pasa con esta persona y… ya veremos. –  solté toda mi respiración.

– No digas eso ___. –  me dijo, me coloqué de pie.

– Creo que esto. –  lo mire.

– No digas eso como si te estuviera perdiendo…

– Me perdiste desde hace tres días. –  sonreí sin animo. Él no pudo decir nada, mordí mi labio, él me miraba, me incline un poco y deposite un suave beso en su mejilla rozando la comisura de sus labios. No le dije nada, él aún permanecía sin decir o hacer nada. –  Y no te preocupes, ya vinieron por mí. –  le dije y comencé a caminar, suspire profundo, no derramaría ni una lágrima, apreté mis manos sudorosas a la pequeña cartera. Llegué al estacionamiento de la plaza, estaba él esperándome fuera del auto, sonreí y me relaje, me apresure en caminar. –  Gracias a Dios viniste. –  dije sonriendo.

– Dije que vendría. –  me respondió. Llegué a él y lo abracé. –  ¿Todo bien? –  me preguntó.
Asentí. –  Todo bien. –  dije, camine hasta la puerta del auto y subí, él subió en su lado y colocó el auto en marcha. –  ¿Y mamá?

– En casa, no sabe nada. –  sonrió. –  Dije que iría un momento al súper por algo.

– Gracias Frank. –  le dije, él asintió sonriendo. –  No supe a quien más llamar…

– Siempre estaré cuando me necesites. –  me dijo él, felizmente conduciendo.


Habían pasado algunas semanas, no sabía nada de Justin, y Lucky, nos escribíamos mensajes a diario. Estaba a 29 de noviembre y me encontraba ordenando mi maquillaje en una de las gavetas cuando vi el paquete sin abrir de estampas. Abrí mis ojos, no podía ser, corrí hasta una de mis carteras y busque la tarjeta donde mantenía anotada todas mis fechas, Octubre…  27, 28, 29…. “Todo está bien ___, solo debes calmarte y esperar” me dije a mi misma viendo que solo tenía unos días de retraso, aunque siempre había sido puntual todos los 27.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

CAPITULO 29

Llegue a mi departamento y busque en las repisas una botella de whisky. Estuve a punto de abrirla cuando mi celular comenzó a sonar. Me mantuve quieta un momento antes de mirar la pantalla del celular y ver de quien se trataba, lo tome y mire… ¿número desconocido? Abrí mis ojos puede ser Lucky. Conteste inmediatamente.

–  ¡___ NENA ESCÚCHAME! ¡NECESITAMOS HABLAR! ¡DEBES ESCUCHARME! –  mi corazón dolió, colgué antes de poder escuchar cualquier otra cosa. Me senté y tire mis brazos encima de la mesa, apoyé mi frente en la fría madera de la mesa, mis lágrimas comenzaron a salir, pero antes de poder ahogarme en mis lágrimas, preferí ahogarme en el alcohol.

Tres botellas de Whisky fuerte y quede completamente ebria, caí sobre la cama y sin pensar en nada ni nadie… me dormí.



Abrí mis ojos, un fuerte dolor de cabeza me daba los buenos días, me queje, mínimo ruido y todo explotaba en mi cabeza. Me levante aturdida, la hora marcaba las 8:37am, me fui hasta el baño, me desvestí y me metí a la ducha, lave mis dientes, mi cabello evite mojarlo ya que lo tenía secado. Salí del baño, la ropa que estaba en el suelo la metí en el cesto de ropa sucia. Fui hasta mi closet, tome mi ropa interior azul marino, y vestido azul, encima de las rodillas y con puntos blancos, perfecto para un día de campo, tome unas zapatillas y peine mi cabello, debía salir y comer algo, tal vez ir a visitar a mi madre o cualquier otra cosa que se presentara en el día.

Termine de ordenar mi departamento cuando mi celular comenzó a sonar, lo mire, un número desconocido, conteste molesta. –  ¡TE DIJE QUE NO HABLARE NADA CONTIGO DEJA DE MOLESTARME!

–  ¿Señorita ___? –  Escuche, mi corazón se detuvo, abrí mis ojos.

– Oh, disculpe. –  dije mucho más que apenada. Escuche su risa.

– Veo que está algo molesta…

– No, no. –  le aclare. –  No era con usted, pensé que era otra persona…

– Lo entiendo…–  sonreí. –  ¿Tiene algo que hacer? –  me pregunto. –  Estaba pensando en invitarla a comer…

– Iba saliendo a comer…–  dije sorprendida.

– Si no está acompañada puedo ir por Usted, me encuentro algo cerca.

– Vale, creo que no hay problema. –  dije sonriendo.

– Muy bien, la veo en cinco minutos. –  dijo y colgó, el corazón bajo de mi boca, y mi cabeza brinco nuevamente recordándome que mantenía aun una jaqueca. Antes de que se me pasara por alto guarde el número en los contactos, Lucky Blue. Aproveche de ordenar lo más mínimo, mire a mi alrededor, por alguna razón… Justin… estaba saliendo de mi mente. No tardó mucho en llegarme un mensaje.

Lucky Blue:
Estoy afuera.

Sonreí y me encogí de hombros emocionada. Tome mis llaves, mi celular y los guarde junto algo de maquillaje en una pequeña cartera. Salí del departamento y lo cerré con llaves, baje las escaleras, al terminar de bajar sonreí, el auto negro deportivo estaba a la horilla de la calle, él estaba de pie junto al auto sonriendo, sonreí mientras me encogía de hombros.

Él llevaba una camiseta color blanco de algodón, unos jeans  caqui, y unos zapatos casuales. Un look relajado, como si él también fuese a un día de campo, por lo menos YO estaba más presentable que la primera vez que nos vimos. –  Señorita ___. –  dijo él sonriendo un poco al mismo tiempo que yo llegaba. Asentí sonrojada. Él no dijo más nada, abrió la puerta del auto y subí. Pasó frente al auto para luego subir y ponerlo en marcha. –  ¿Cómo esté hoy Señorita ___?

– Bien…–  dije sonriendo y con poca voz. –  ¿Usted como esta?

– Mejor ahora. –  dijo sonriendo mientras miraba hacía al frente, un hormigueó recorrió mi cuerpo, humedecí mis labios, ¿Por qué él me hacía sentir de esta manera? Incluso podía olvidarme de lo que estaba pasando en el momento, o del dolor de cabeza que tenía. –  Dígame, ¿le sucede algo?

– No sé a qué se refiere. –  sonreí.

– Su rostro, su semblante, me dice que le sucede algo. –  dijo mirándome rápidamente para luego poner la mirada en el camino.

– Tengo algo de jaqueca…–  murmuré.

– Espero no haya peleado anoche también. –  dijo sonriendo.

– Respecto a eso…–  sonreí apenada. –  No soy de las que andan golpeando a las personas por allí. –  sonreí. –  Y la situación en que Usted me conoció… no me favorece.

– No hay problema con eso, podemos fingir que esta es la primera vez que nos conocemos. –  dijo sonriendo, asentí para mí misma. ¿Qué tenía este hombre para hacerme sentir de esta manera?

El auto se detuvo en el estacionamiento de un elegante restaurant, a pesar de ser antes del mediodía, era muy elegante, tanto así que daba aspecto como si fuese de noche. Él bajo del auto y antes de que yo fuera a bajar él ya se encontraba abriendo mi puerta, sonreí, él me devolvió la sonrisa. –  Vayamos por acá. –  dijo colocando su mano izquierda en el centro de mi espalda y dirigiéndome hacia dentro del restaurant. El tan solo pensar que tenía su mano en mi espalda se erizaba mi piel. –  Señorita. –  llamó a una de las chicas que trabaja en el lugar, ella lo miró y mantuvo la misma reacción que obtuve yo al verle por primera vez.

– Su nombre Señor…–  dijo ella acomodándose frente al computador.

– Lucky Blue. –  dijo él con demasiada tranquilidad.

– Claro, ya tenemos apartada su mesa, disculpe la espera. –  dijo ella saliendo de su lugar para llevarnos hacia la mesa.

Él tomo asiento quedando al frente de mí, nos sonreímos. –  ¿Todo está bien? –  pregunto nuevamente, asentí. La chica llego a pedir la orden, él me señalo a mi sonriendo.

– Unas tortillas. –  dije sonriendo con pena sin pedir más.

– Bien…–  suspiro Lucky. –  Para mí unos sándwiches, unas tortillas, y dos jugos de naranja. –  lo mire sorprendida. –  Los sándwiches que alcance para los dos. –  la chica asintió. –  Y antes de que se vaya. –  la detuvo con la palabra. –  Traiga algo que le sirva para el dolor de cabeza a la Señorita. –  la chica asintió nuevamente y se retiró. Él me sonrió y tomo un sorbo de agua. –  Señorita Jess, hábleme de Usted. –  dijo sonriendo, detuve mi respiración mirándolo.

–  ¿Qué quiere saber? –  dije mirándolo. Él sonrió mientras tamboreaba sus dedos de la mano derecha sobre la mesa. Me sentía algo nerviosa, pero trate de no mostrárselo.

– Creo que lo primero es…–  sonrió y negó con un movimiento de cabeza.

– Anda dime. –  le insistí.

–  ¿Tienes pareja? –  me miró serio, su mirada era profunda sobre mí.

– No. –  sonreí relajada. Vi sus hombros caer, también se había relajado. –  ¿Y tú? –  lo miré.

– Si. –  asintió y apretó su mandíbula. –  Tengo una linda esposa y una hermosa hija. –  dijo y me miró profundamente, yo quede en shock, lo mire sin entender. Él rió. –  Es mentira…–  rio.

– Ya me había sorprendido mucho. –  dije con mi mano en mi pecho y riéndome.

– Creo que con esto eh rompido el hielo entre nosotros. –  rió. Iba a responder cuando la chica llego con la comida, sonreí y guarde silencio él me guiño, reprimí una sonrisa.

– Gracias. –  dijimos ambos cuando la chica termino de dejar la comida sobre la mesa.

– Puedo preguntarte algo. –  le mire, él asintió. –  ¿De que trabajas? –  le mire. Él sonrió con ganas.

– Soy abogado…–  abrí mis ojos y comencé a reírme. –  Por eso me permití sacarte de ese horrible lugar. –  dijo reímos.

– Que sorpresa. –  dije. –  Como te mencione en el auto… eso no sucede siempre, yo no soy así, yo…

– Lo sé, leí tu registro, era primera vez que estabas en la cárcel, por eso me compadecí de ti. –  dijo riendo.

–  ¿Debo agradecerle por su compasión?

– Para nada. –  dijo sonriendo. –  deberías tomarte eso. –  señalo un sobrecito que decía ENO, era para la jaqueca, la resaca. Sonreí, deposite el polvo en el vaso, y luego lo tome. –  Deberíamos comer y ver luego que hacer. –  sonrió y yo asentí.


La chica retiro todo de la mesa, ya mi jaqueca no existía, mire a Lucky, él se levantó de la mesa y extendió su mano, la tomé y me coloque de pie. –  Dígame… ¿Qué quiere hacer? –  preguntó mientras no dirigíamos a la salida. –  ¿Le gustaría ir a un parque? –  me pregunto al ver que yo no le respondía rápido.

– Me parecería perfecto. –  dije sonriendo. Nos apresuramos a llegar al auto, como siempre, como todo un caballero abrió mi puerta subí, y luego él subió y puso en marcha el auto. Mientras él estaba concentrado conduciendo y… comencé a fijarme en su rostro, las líneas de expresión, sus facciones… me concentré tanto que le vi parpadear lentamente, mi cuerpo se estremeció al ver su mandíbula tensarse, solté un poco de aliento, humedecí mis labios, no podía creer que estaba sintiendo eso por alguien más.

– Llegamos. –  dijo él. Parpadeé y mire a otro lado, el parque parecía como un campo de golfs, aunque tenía algunas montañas, pertenecía plano, había una pista de asfalto para ciclistas y una pista para personas, así que como andaba en zapatillas no tuve problemas en caminar sobre el pasto junto a él. –  No has dicho nada…–  comentó, continué sin decir nada. –  ¿Chicas de pocas palabras?

– No. –  reí. –  Es solo que… esto me parece tan extraño, siento como si te conociese desde siempre…–  dije.

– No es así pero… podemos elegir conocernos por siempre. –  sonrió.

– Si nos conociésemos más de esto, pensaría que es una propuesta de matrimonio. –  le dije, reímos.


Luego de caminar un rato por la orilla del parque que comunicaba con un lago él aclaro su garganta y detuvo el paso, me detuve y lo mire. –  ¿Sucede algo?

– Sí. –  dijo él cerca de mí y serio. Tragué saliva, mi cuerpo se estremeció ante su voz pero al mismo tiempo estaba nerviosa.


–  ¿Qué cosa? –  pregunte en un susurro.

sábado, 26 de diciembre de 2015

CAPITULO 28

– ¿Señorita Jess? – escuche una voz que me hizo sentir algo de frío en mi cuerpo. Tragué saliva, su voz se parecía mucho a la de Austin, tuve un momento de miedo antes de voltear a mirar. No se trataba de Austin, pero sí de… un chico alto, tez clara, muy clara, usaba un par de Jeans con unos zapatos casuales y una camisa de botones en todo su pecho abrochadura en las muñecas, tarde en fijarme que su chaqueta estaba sostenida por una de sus manos, su cabello amarillo pálido aunque podían notarse unos reflejos oscuros, ojos azules claros como el cielo, incluso algunos destellos un poco más oscuros como el color del mar. Tragué saliva nuevamente, este chico era hermoso. – ¿Señorita Jess? – volvió a llamarme y desperté, asentí. – Mucho gusto. – dijo, su voz era gruesa, mi piel se erizo. – Soy Lucky Blue. – incluso su apellido era color AZUL en inglés.



–___, ___ Jess. – dije y tome su mano que esta tendida, pensé en que la sacudiría como todos hacen al presentarse, pero él hizo algo diferente, alzó un poco mi mano llevándola  hasta la altura de nuestros rostros, bueno mi rostro, se inclinó y deposito un suave beso en  mi mano, tragué saliva, estaba nerviosa, incluso mi piel volvió a erizarse.

–Se perfectamente quien es Señorita Jess. – dijo mirándome a los ojos aun con su rostro un poco inclinado y separando mi mano lentamente. No hice prisa en soltarle el agarre. – Eh visto el juicio, me llamo mucho la atención en como respondía al Juez, eso… hizo que pagara su fianza para conocerla aún mejor.

–No debió porque pagarla. – dije sonriéndole un poco. Él termino de soltar mi mano.

–Me vi en la obligación, Usted… ni siquiera tuvo un abogado, no se vio ni temida por la decisión del Juez. – sonrió. – Me gustaría conocerla más Señorita Jess. – dijo sonriéndome, sus ojos me tenían embobada, sentía tanto poder en su mirada, sentí mi aliento deslizarse por mi garganta y salir de mi boca de lo sorprendida que estaba.

–Gracias por pagar la fianza. – le dije sonriendo.

–No agradezca, dígame…. ¿Cuándo puedo verla nuevamente Señorita Jess?

–Solo dígame ___... – le dije algo nerviosa.

–Eso no responde mi pregunta. – dijo sonriendo. – ___. – hizo algo de énfasis al pronunciar mi nombre.

–Yo podría avisarle luego…– dije, y estaba segura que me encontraba sonrojada.

– ¿Eso quiere decir que quiere mi número telefónico? – dijo levantando un poco la ceja.

–No, no. – me apresure a dar mi explicación.

–Tranquila. – dijo sonriendo con ganas y sin dejarme hablar. – ¿Puede usted darme su número? – dijo y sonreí.

–Claro. – dije. Él saco su celular del bolsillo de su pantalón y me entrego su celular desbloqueado, anote mi número rápidamente y le entre el celular. Él sonrió y guardo mi número. Me mantuve quieta y callada.

–Bueno. – suspiro. – ¿Me permite llevarla a su casa? – me preguntó, asentí sonriendo y me encogí de hombros. Él tomo mi sobretodo y me llevo con él hasta la salida del lugar, lo seguí hasta su auto, abrió mi puerta, sonreí, subí al auto, él me entrego mi sobretodo y cerró la puerta. Paso por delante de su auto, abrí su puerta, subió y la cerró, encendió el auto, me miro, me dio una sonrisa, sonreí apenada, encendió el aire del auto y puso el auto en marcha. – ¿Dónde vives? – me dijo. Le di la dirección y luego me mantuve callada, manejo en silencio y a veces él tamboreaba los dedos en el volante del auto. Me moví incomoda por el dolor que sentía en las zonas golpeadas. Suspire y mire por la ventana. – ¿Qué harás esta noche? – pregunto y aclaro su garganta. Lo mire.

–Bueno, creo que tengo algunas cosas que hacer…– dije pensando en que tenía que ir a la casa de Justin y hablar con él. Tenía que arreglar lo que estaba sucediendo. No era posible que estuviera pasando por todo eso y él como si nada.

– ¿Hey? – me llamo él, lo mire. – ¿Dónde es? – me dijo sonriendo. Señale hacia delante donde se encontraban los apartamentos, él terminó de llegar y detuvo el auto. Suspire.

–Gracias por traerme. – sonreí. Él me sonrió más. – Te invitara a pasar… pero…– mire mi apartamento y volví a mirarlo a él. – No esta exactamente en las condiciones. – me encogí de hombros.

–Está bien…– sonrió, era tan lindo. – Te escribiré luego por si no tienes planes. – me dijo un poco serio. – asentí. Él sonrió, por alguna razón me estremecí. Tragué saliva y abrí la puerta.

–Gracias nuevamente. – le dije sonriendo.

–No hay de qué. – me dijo guiñándome. Apreté mis labios y sonreí con ganas. Baje del auto y cerré la puerta tras de mí. Camine rápidamente hasta mi departamento, mire hacia atrás aún estaba él, sonreí y me despedí con un movimiento de mano.



Estando en mi departamento y luego de ordenarlo completamente, entre a ducharme, me vestí con unos jeans, unas botas y una suéter. Tome mi pequeña cartera la colgué en mi brazo izquierdo, mire al sofá, aún estaba la chaqueta de Justin, la tome y salí de mi departamento. Camine hasta la calle y tome un taxi dándole la dirección de la casa de los chicos. Cuando llegue al lugar entre el dinero al señor, y baje del auto, fui hasta la puerta y llame. Espere un momento hasta que la puerta se abrió revelando a Khalil. – ___... – dijo sorprendido. – ¿Cómo es que…

–Pagaron la fianza. – sonreí. Él quedo mudo, asintió. – ¿Y Justin?

–Eh, bueno él…– se colocó un poco nervioso, fruncí mi ceño, pase sin decirle más nada. – Espera ___.

–Ando con prisa. – dije pasando de largo hacía las escaleras que me dirigían a la habitación de Justin. Mi piel estaba caliente, podía sentir mi sangre burbujear y mi corazón bombear a millón. Apreté mi mandíbula y suspire, abrí la puerta y me quede quieta, mi respiración se detuvo, podía escuchar con más claridad mi corazón, lo sentía tras de mis orejas. Él se sobresaltó y me miro con sus ojos abiertos como platos. “MANTÉN LA CALMA, MANTÉN LA CALMA” me decía a mí misma. Sentí mis ojos cristalizarse…

–___ no es lo que

– ¿Qué hace ella aquí? – dijo Susana cubriéndose con la sábana.

–AQUÍ ESTA TU PUTA CHAQUETA. – dije con mi mandíbula tensa y tirándosela en el suelo. Él se encontraba sin camiseta y en bóxer… ella, seguro que debajo de la sábana se encontraba completamente desnuda.

– ¿QUÉ SIGNIFICA ESO? – dijo ella algo alterada.

–QUE MIENTRAS TU LLORABAS ACÁ POR ÉL,  ÉL ME HACIA EL AMOR A MÍ. – Dije sin mirarla a ella sino mirándolo a él, mis lágrimas cayeron por mi mejilla. – Y LAS DICHOSAS REUNIONES DE TRABAJO QUE MANTENÍA ERAN CONMIGO. – dije temblando de la rabia.

–___. – dijo él, pero no escuche más cuando cerré la puerta y salí corriendo de allí, baje llorando las escaleras, mi respiración faltaba, mi vista se tornó borrosa, y difícilmente trataba de llegar a la salida. – ¡DETENTE! – me dijo tomándome por él brazo, había venido corriendo tras de mí.

– ¡DÉJAME EN PAZ! – le grite llorando.

– ¡DÉJAME EXPLICARTE!

– ¡ME VALE MIERDA TU EXPLICACIÓN! – grité y lo empuje. – Te burlaste de mí. – dije sonriendo sin ganas. – Ganaste el juego Bieber. – lo mire con asco.

–Nena detente. – dijo humedeciéndose los labios y tomándome por los brazos, negué con un movimiento de cabeza mientras lloraba.

– ¡DÉJAME! – le grite, llorando.

–No, déjame explicarte…– dijo con su rostro triste.

– ¡¿QUÉ ME VAS A EXPLICAR?! ¡¿Qué TE LA TIRASTE Y AHORA TE ARREPIENTES?! – lo miré, él no dijo nada. – Eso pensé. Eres tan cobarde y tan desgraciado…– lo mire con desprecio.

–Linda, no mírame. – dijo tomándome el rostro entre sus manos.

– ¡DEJAME! – le dije y me quite bruscamente de su agarré. – ME OCACIONAS ASCO. – dije limpiándome las mejillas donde él había puesto sus manos. – Ahora mismo te odio. – dije mirándolo a los ojos sin derramar ni una mínima lágrima.

–___, nena no digas eso. – dijo como si pudiese sentir algo de pena o dolor por mí.

Di un paso hacia atrás, y volví a mirarlo con desprecio, me di la vuelta y salí corriendo de la casa, corrí hasta la calle y escuche un fuerte sonido de llantas chillando en el pavimento. Mire a mi derecha… un auto se había detenido antes de golpearme. – ¡¿SE ENCUENTRA BIEN?! – grito él señor bajándose del auto. Asentí llorando. – ¿Necesita algo? – pregunto.

–Sí. – dije mirándolo, camine hacia él. – Puede sacarme de este lugar, necesito ir a otro sitio. – dije, él asintió. Subí a su auto y él coloco el auto en marcha.




Llegue a mi departamento y busque en las repisas una botella de whisky. Estuve a punto de abrirla cuando mi celular comenzó a sonar.

jueves, 24 de diciembre de 2015

CAPITULO 27

Me moví un poco para continuar durmiendo pero me percaté de que me dolía el cuerpo, fruncí mi ceño, rápidamente todo vino a mi mente, sentí rabia, por culpa de ella había pasado todo, y pensar que ella estaba equivocada, mi padre siempre sospecho de Kyle, jamás supo de Justin. Abrí mis ojos. Podría Justin pasarle frente a los ojos de mi padre y él no sabría nada de su historia, Justin estaba fuera de peligro, las amenazas de mi padre… siempre fueron equivocadas, hacía Kyle.

Iba a llamar a Fabiana cuando el dolor en mi costilla se pronunció más. Jadee y me levante con cuidado, me dirigí al baño en ropa interior me metí a la duchar y me bañe, lave mi cabello, lave mis dientes, salí y sequé mi cabello rápidamente con el secador que estaba en la cómoda del baño. Salí del baño envuelta en una toalla y fui hasta el armario. Tome una camiseta y un pantalón, mientras me vestía logre ver que en la costilla, en la parte de mi espalda de mi lado derecho tenía la piel tornada algo verdosa, un morado, de allí provenía el dolor.

No le preste mucha atención, y fui a la cocina, recogí las cosas del suelo donde las había dejado en la madruga, me prepare un “súper sándwich” así lo llamaba, llevaba el doble de las porciones, mire a mi alrededor, era todo tan extraño, termine de comer y recogí el departamento antes de irme para que mi mamá, bueno, esos eran mis piensos…. Hasta que sonó el timbre.

Fruncí mi ceño, ¿Quién podría ser a estas horas? Mire el reloj de la pared, 10am. Que extraño. Abrí la puerta y…– Buenos Días ¿es usted la Señorita ___ Jess? – me preguntó uno de los oficiales mientras miraba una hoja que traía en su mano.

–Sí. – dije mirándolo a los dos. – ¿Qué sucede?

–Venimos a llevarla arrestada. – me dijo el otro oficial, abrí mis ojos. – Por agredir a la Señorita Kate Holdynne. – abrí mi boca, la muy maldita me había denunciado. Debí matarla cuando pude.

–Está bien, permítanme tomar mi sobretodo y voy con ustedes. – ellos asintieron. Tome mi sobretodo, cerré las ventanas, apague las luces, ellos me miraban extraños, quizás porque había aceptado ir con ellos y no me había negado a ir con ellos. Salí del departamento, cerré la puerta tras de mí y camine junto a ellos, bajamos las escaleras, yo con un poco de dificultad y luego subimos a la patrulla.

Sabía que no tenía permitido ninguna llamada, ni hablar con nadie, no hasta estar en el lugar de policías pero aun así metí mi mano en el bolsillo de mi sobretodo, mentalmente recordé a cuanto estaba el número de mi madre, y lo marque en llamar, rápidamente contesto pero no la deja hablar. – Mamá voy camino a la policía, me llevan arrestada. – y colgué, él policía me miro y no hizo más nada que negar con un movimiento de cabeza y extender su mano para que le entregase mi celular, mordí mi labio pero o hice.

–Solo será hasta que lleguemos allá. – dijo, asentí.

Al apenas llegar a la comisaria, me introdujeron dentro de una celda, suspire, al menos estaba sola y no con un par de locas a los lados. Suspire, esa desgraciada me había denunciado… pero es… se lo merecía, por perra, todo lo que pase por su culpa… Baje la mirada y escuche unos golpes en las rejas de la celda, mire frente a mí. – Te llevaran a juicio ahora mismo. – me dijo el oficial, asentí.

Luego de un momento… escuche un alboroto, fruncí mi ceño y me levante de la pequeña y fina cama, mire por las rejas, a lo lejos, donde estaban las secretarias y todos los de la policía, se encontraba… ¿FABIANA? ¿JUSTIN? ¿RYAN? ¿CHRIS? ¿KHALIL? ¡¿QUÉ HACIAN TODOS EN EL LUHAR!?

– ¡¿DÓNDE ESTA?! – gritaba Fabiana. – ¡DIGANME AHORA MISMO!

–Señor Bieber. – dijo un oficial, al parecer lo conocía de antes. – Tiempo sin verlo por acá.

–Solo vengo a ver a la chica…– dijo él sin mostrar interés alguno.

– ¿Cómo se llama?

–___  Jess. – Dijo como si le repugnara mi nombre.

– ¡JUSTIN QUE NOS DIGAN DONDE LA TIENEN! – gritaba Fabiana casi que llorando.

–Pueden ir a verla, igual la llevaremos en un momento a juicio. – dijo el oficial. Justin asintió. Mire a todos. El oficial señalo hacia donde yo estaba, suspire y me hice hacia atrás, aún mantenía mis manos atrás esposadas, así que era un poco incómodo.

Rápidamente Fabiana se encontraba llorando tras la reja de la celda mientras me miraba.

– ¿Cómo es que se han enterado que estoy acá?

–Me llamaste, creo que pensaste que era tu mamá…– dijo ella llorando. Lo debí de haber supuesto.

Me quede un momento quieta, llegaron los chicos… menos Justin. Ellos me miraban preocupados y yo los miraba apenada. – Señorita debemos irnos. – dijo el oficial llegando y abriendo la celda, asentí, salí y todos me miraron, Fabiana se lanzó a abrazarme mientras no dejaba de llorar. Susurré un “cálmate, todo estará bien” y camine hacia donde me dirigía el oficial, mire a lo lejos, estaba Justin, me miraba muy serio, como si fuese echo algo malo. El oficial me hizo cruzar a la izquierda donde estaba el salón del juicio.

Un frío entro por mis pies y subió hasta mi cuello, como si todo fuera a salir mal, apreté mi mandíbula y me queje cuando tocaron una de mis costillas. – ¿Usted también esta golpeada? – pregunto el oficial, asentí. – ¿Por qué no coloco la contrademanda?

–Pensé que era una simple riña. – dije sin mirarlo.

Me llevaron a mi lugar en la sala, al otro lado a mi izquierda estaba Kate con la cabeza algo cubierta con gasas. Hice como si no le viera. Vi de reojo entrar a la sala a los chicos, y de mala gana a Justin, Kate se sorprendió y la note asustada.

El juicio comenzó y la Juez, hablaba sobre todo, entrevisto a Kate, ella claro, se hizo la inocente. – Señorita Jess. – escuche la voz de Juez y le mire. – ¿Por qué ha golpeado a la Señorita Holdynne? – pregunto.

–Porque me estaba ofendiendo y porque por culpa de ella viví un infierno. – dije mirándola de reojo.

– ¿Entonces acepta que si la golpeo?

–Si señoría. – dije, vi a Kate sonreí, volteé los ojos. Siguieron entrevistándome, me levantaron la camisa dando a la luz los moretones que tenía.

Luego de que el Juez diera sus últimos reglamentos y su juicio me miro. – Si a usted se le dicta un acta de alejamiento de esta Señoría. – señalo a Kate. – ¿Usted lo cumpliría?

–Siempre y cuando ella tenga su boca cerrada. – dije encogiéndome de hombros.

– ¿Alega que puede atacar nuevamente contra ella?

–Si no se mantiene quieta claro que lo hare, acá la lastimada no fue solo ella Señoría, también fui yo, el simple hecho de que ella haya denunciado no significa que hay que darle más privilegios, ¿no se supone que usted es un Juez? No debe estar de parte de nadie acá.

–Señorita…

–Y si se me presentara nuevamente la oportunidad la dejare peor. – dije furiosa. – Es que debí matarla…– susurré.

– ¡SEÑORITA! ¡LIMITE SUS PALABRAS! – dijo el Juez. – Sus palabras la pueden sentenciar.

–Haga lo que mejor le parezca. – dije sin mirar a mi alrededor, realmente todo me daba igual. – Pero si voy detenida ella también. – dije mirando al Juez.

– ¡EL CASO ESTA CERRADO! – dijo y golpeó su mesa. Sonreí, no dijo nada más que cada una debía permanecer detenida como arresto por alcohol u otra cosa.

– ¡ESTÁS LOCA! ¿CÓMO IBAS A DECIR ESO? – escuche a Fabiana.

–Fabi. – me detuve y la mire. – Creo que es hora de que se vayan…– sonreí. – Muchas gracias por venir. – le dije sin dirigirle la mirada a Justin, no sabía que tenía y realmente no tenía ánimos de averiguar.

– ¡Le diré a los chicos que paguen tu fianza! – dijo llorando.

–No te preocupes. – la mire. – No quiero salir, cumpliré lo que debo cumplir. – dije y camine sin más decirle. Escuche sus gritos y uno de los chicos retenerla. Baje la mirada, realmente no quería saber nada de ellos. Nada de Justin.

– ¡SUÉLTAME! ¡ESTO ES TU CULPA! – la escuchaba gritar, ni siquiera volteé a verle.

El oficial me coloco en la celda, quito mis esposas y sin decir nada salió del lugar asegurando que estuviera bien cerrado. Suspiré. Esta era una celda diferente, no de rejas, sino más bien un cuarto, era de paredes y una sola puerta de hierro, pintada de azul con una ventanilla muy arriba. La cama era igual que la otra, con unas sábanas blancas, y muy baja y no muy gruesa. Fuiste hasta la cama y me senté, mire a mi alrededor, incluso me sentía bien allí encerrada más que en la habitación de la casa de mi padre.

Paso un día… lo que había dictado el Juez eran tres días. Así que el primer día no fue tan malo, la comida no fue tan mala… pero si necesitaba bañarme. Eran como las seis de la tarde cuando la puerta de mi celda se abrió, era extraño, ya no necesitaba salir. – Señorita puede irse. – me dijo un oficial, fruncí mi ceño.

–Debe estar equivocado…– le mire.

–No, su fianza ha sido pagada.

– ¿Qué? Pero…

–Apresúrese Señorita, la están esperando. – me dijo, asentí sin entender nada.

JUSTIN. Su nombre resonó en mi cabeza, sonreí, él había venido. Mordí mis mejillas y salí de la celda, el oficial me dirigió hasta las oficinas, donde me entregaron mis pertenencias, mire a los lados tratando de no parecer desesperada, pero no lo vi por ningún lado, mi corazón o sentimientos hacia él se fueron tras una pared donde no podía sentirlos. Deje de sonreír y definitivamente deje de sentirme “bien”.


– ¿Señorita Jess? – escuche una voz que me hizo sentir algo de frío en mi cuerpo. Tragué saliva, su voz se parecía mucho a la de Austin, tuve un momento de miedo antes de voltear a mirar.